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Una ‘peluquita’ por una sonrisa

Javier Sandoval recuerda aún la sonrisa que se dibujaba en el rostro de su abuela quien falleció con cáncer. Para Javier, esta pérdida fue muy dura, por lo cual se le vino la idea de cortar su larga cabellera y donarla a niños con esta enfermedad. Sin embargo, se topó con una negativa: en el hospital de Solca, ya no aceptaban donaciones de cabello.

Ante esto, Sandoval, en conjunto con sus amigos más cercanos, decidieron crear una pequeña fundación destinada a la donación de pelucas para niños con cáncer. “De esta manera, Dibuja una sonrisa surgió como un homenaje para mi abuela”, explica Sandoval, director de la fundación.

Desde noviembre de 2010, esta ONG ha puesto su granito de arena para ayudar a  los más pequeños a afrontar sus tratamientos y terapias. “Una sonrisa es una vía para que el cuerpo asimile  los tratamientos”, señala Javier, quien rememora las sonrisas de los niños cuando se les ha entregado las “peluquitas”, como él las llama.

Un trabajo gratificante
La  idea de Javier no era crear una fundación para la donación de cabello, sino  hacerlo únicamente como regalo de Navidad en 2010. Con el tiempo,  muchas personas se interesaron en el proyecto,  y por esa razón, continúan con esta noble labor. Es así que ya han entregado cerca de 70 pelucas a niños en diversos hospitales de Quito y Guayaquil.

“De cada tres donaciones, se realiza una peluquita” explica Sandoval; en este sentido, se crea  una ayuda colectiva y se invita a los donadores a diversas actividades y a la entrega personal de pelucas. “Es una vivencia muy hermosa tanto para los niños como para los donadores. Con eso, garantizamos que su cabello está yendo para el propósito deseado y eso es lo más gratificante de poder ser una organización que brinde soluciones factibles a la sociedad”, asegura Sandoval.

Fragmento tomado de la publicación en Vida Cotidiana el 08/03/12

Dar más que una sonrisa

La vida no es un milagro sino para hacer milagros. La sociedad actual, principalmente los jóvenes nos hemos olvidado, muy fácil y rápidamente, de lo que es ser niño. No comprendemos a nuestros hermanos menores,  nos fastidiamos  rápidamente si escuchamos a niños llorar en algún lugar público o peor si en lugar de llorar están chillando de alegría; pedimos a gritos (tal vez silenciosos y sólo dentro de nuestra mente) que aquella madre desconsiderada saque a su niño al parque o a que le dé un poco de aire.

Vemos en ellos una molestia innecesaria e incluso llegamos a pensar que de nada sirve tener hijos, su sencillez, su espontaneidad nos estorba y creemos que la vida para ellos es extremadamente fácil. Pero ¿qué pasa cuando a uno de estos ángeles le toca una prueba extremadamente difícil?, bien dicen que Dios no nos da más carga de la que podemos soportar, sin embargo es necesario tener a alguien a nuestro lado que aligere esta carga o que por lo menos nos acompañe en el camino.

Es noche buena, niños sin cabello correteando por los pasillos de Solca, otros jugando con la misma muñeca descocida con la que han jugado ya varios, todos esperando su cena navideña, todos en su hogar; alegres, entusiasmados, expectantes y con el espíritu navideño a flote. ¿Por qué? ¿Por qué no están tristes o por qué tanta felicidad? Y la respuesta es tan sencilla como ellos, porque así son los niños, porque un niño va a encontrar felicidad a donde sea que vaya, va a hacerse mejor amigo de la persona con la que sólo ha intercambiado dos palabras, y va a encontrar juegos en todo lo que la vida le proponga.

“Dibuja una Sonrisa” es una fundación que nos propone ser el milagro en la vida de un niño con cáncer, vivir junto a él o ella todas las experiencias que esta travesía va dejando en su vida, ser agente de motivación para cuando estos pequeños ya no pueden más y sienten un gran peso sobre sí mismos, ser ese amigo que ellos necesitan, ayudar a quitarles estereotipos, hacerles sentir hermosos, amados. Básicamente hacer lo que su nombre indica dibujar una sonrisa en su rostro.

Todo el mundo es bienvenido a participar de este proyecto, con tan sólo una donación de tres dólares puedes convertirte en el padrino o en la madrina de un niño; el problema radica en que las personas estamos “tan ocupadas”  con nuestras vidas, con nuestros problemas, con nuestros trabajos que simplemente creamos excusas para no ayudar a los demás.

Nos resulta muy difícil sacrificar tiempo, dinero e incluso “la belleza personal”. No podemos dejar Facebook o Twitter por unas horas, para ir a visitar a un niño; no podemos fallar a una comida en McDonalds para hacer una pequeña donación; o no podemos renunciar a 20 centímetros de cabello porque “estoy esperando que me crezca” o “¿cortarme el cabello? Ni loca”. Damos respuestas superficiales y vacías a solicitudes profundas e incluso espirituales y morales.

Esta invitación a ser parte de algo grande, a forjar la historia que queremos, a luchar por algo trascendente es a toda persona independientemente de la religión que profese, del partido político al que este aliado, o a su forma de ver la vida. Es una invitación para el ser humano que se preocupa por otro ser humano, y en esta gesto solidario incluso te puedes llegar a encontrar a ti mismo, es una ayuda al prójimo pero más que nada es una ayuda a tu propia alma y a tu propio espíritu.

Pintarnos la cara de payasos, de muñecas o de arlequín; llevar una sonrisa al niño que está pasando por momentos difíciles, llevarle cuentos para colorear, ser parte de la Fiesta de Pelucas, participar activamente de los Talleres de Animación Infantil; son cosas súper simples con repercusiones extremadamente grandes que notarás en una mirada de cariño, de agradecimiento y eso te marcara de por vida.

“Sólo Dios es capaz de fabricar el milagro de la carne de un niño; pero tú puedes hacerle sonreír” José Luis Martín Descalzo

Por: Ana Paula Peña

Corresponsal

Colegio Cardenal Spellman Femenino

Tomada de la publicación en wwww.ibecmagazine.com el 28/04/2013